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La real Cédula de 4 de diciembre de 1786 dividió el territorio de la Nueva España en doce intendencias o Provincias

La Intendencia de Guanajuato ocupaba la misma extensión que ahora tiene el Estado y se le señaló por la cabecera de la Ciudad Mineral. Su primer gobernante fue don Andrés de Amat y Tortosa quien se encargó del puesto el 27 de noviembre de 1787 hasta finales de mayo de 1790, siendo sustituido por el licenciado Pedro José Soriano, asesor del corregimiento de Guanajuato y su provincia, permaneció al frente del gobierno hasta el 28 de enero de 1792. En este año se efectuó la solemne toma de posesión de don Juan Antonio de Riaño y Bárcena, figura de alto relieve del régimen colonial.

El señor Riaño oriundo de Liérganes, de Santander, nació el 16 de mayo de 1757, tenía conocimientos de matemáticas y de astronomía, unía el cultivo de la Literatura y de las Bellas Artes con los que introdujo el gusto de éstas en Guanajuato, y en especial de la Arquitectura. Por su influjo se levantaron tanto en la capital como en toda la provincia, magníficos edificios cuya construcción inspeccionaba él mismo.

Aquí está todavía, perpetuando el cariño, fortuna y gloria, el venerable edificio de la Alhóndiga de Granaditas, “Palacio del Maíz” como muchos la denominaban.

Elévese sobre el terreno que antaño ocupara una hacienda de beneficio, nombrada también de Granaditas. Dice Marmolejo, en sus “efemérides”, que desde el 12 de marzo de 1796 se presentó al Ayuntamiento local el plano y presupuesto de la Alhóndiga, ambas cosas del arquitecto de la ciudad, don José Alejandro Durán y Villaseñor.

Débase éste a la cultura y encomiables esfuerzos del ejemplar don Juan Antonio de Riaño quien inicio  los trabajos para la construcción soberbia de Granaditas,  que tuvieron inicio el 5 de enero de 1798, y el monumento quedó terminado el 7 de noviembre de 1809: solo unos cuantos meses antes que estallara en Dolores el glorioso grito de libertad. La obra sacó de coste: $207,086 y seis reales.

Descripción que hace Alamán del Histórico Edificio: “Es un cuadrilongo cuyo costado mayor tiene ochenta varas de longitud. En el exterior no tiene más adorno que las ventanas practicadas en lo alto de cada troje, lo que le da un aire de castillo o casa fuerte, y lo corona un cornisamento dórico, en que se hallan mezcladas con buen efecto, los colores verdioso y rojizo de las dos clases de piedra de las canteras de Guanajuato. En el interior hay un pórtico de dos altos en el espacio patio: el inferior con columna y ornato toscano, y el superior dórico, con balaustres de piedra en los intercolumnios. Dos magníficas escaleras comunican el piso alto con el bajo, y en uno y otro hay dispuestas trojes independientes unas de otras, techadas con buenas y sólidas bóvedas de piedra labrada.

Tiene este edificio, al oriente, una puerta adornada con dos columnas y entablamento toscano, que le da entrada por la cuesta de Mendizabal, que forma el declive de la loma y se extiende hasta la calle de Belén, teniendo a la derecha, al subir, el convento de este mismo nombre y a la izquierda la hacienda de Dolores situada en el confluente de los dos ríos. Al sur y poniente de la Alhóndiga corre una calle estrecha que la separa de la misma hacienda de Dolores, y en el ángulo del Nordeste viene a terminar la cuesta que conduce al río de cata, en la plazoleta que se forma en el frente del Norte, donde está la entrada principal, adornada como la del Oriente, en la que también desemboca, frente al ángulo Nordeste, la calle que se llama de los pozitos y la subida de los Mandamientos, que es el camino para las minas”.

 Aquí fue donde al mediar el 28 de septiembre de 1810 comenzó a desarrollarse la lucha por la toma de de la fortaleza.

Más de aquella espantosa carnicería, tres figuras se destacan con rasgos supremos de grandeza perdurable: el Intendente Riaño, la del heroico Juan Martínez “El Pípila” y la de  Diego Berzábal mayor de Batallón provincial. Don Juan Antonio apenas iniciado el choque forifundio, cayó herido de muerte. El humilde barretero de Mellado, en lo álgido del combate, se echa a cuestas una losa, que protege sus espaldas, y provisto de una tea y encaminándose a gatas, llega así a la puerta principal del edificio prende fuego a las maderas y abre paso a los independientes. La muerte de Berzabal fue sencillamente sublime no pudiendo resistir el empuje de la muchedumbre, se retiró en orden y luchando; así se sostuvo hasta que atravesado por numerosas lanzas, cayó sin vida.

Otro cuadro, también de espantosa carnicería es el de las represalias. Calleja y Flon efectúan su entrada en Guanajuato el 24 de noviembre de 1810 y comienzan sus escenas de sangre en las calles de la ciudad, teniendo su punto de culminación en el patio de esta misma fortaleza y en la horca que frente a la puerta principal mando colocarse. Así murieron, mártires del patriotismo y ungidos por la gloria.

El 14 de octubre de 1811 llegaron a esta ciudad las cabezas de Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez y se colocaron en las cuatro esquinas de la Alhóndiga.

El histórico edificio de Granaditas nunca llegó a prestar servicios de alhóndiga: depósito de tabacos, alguna vez, y las más albergue o cuartel de tropas de opuestos bandos y aun de distintas nacionalidades.

Maximiliano de Habsburgo, el 18 de septiembre de 1864, ordenó que los presos de “Los Arcos” se trasladaran inmediatamente a granaditas, según puede verse en los documentos  que copio.

Y allá en el exterior, en los ángulos de la fortaleza, permanecen aún las escarpias de donde pendieron las jaulas guardadoras de las cabezas de nuestros héroes. Y el celoso está en pié, desafiando, sereno e imperturbable, la incuria del tiempo y la maldad de los hombres; pletórico de memorias y de enseñanzas en sus desportillados muros. Es el “palacio del maíz”, el palacio de la simiente del pueblo.

Información tomada del libro La Alhóndiga de Granaditas de Fulgencio Vargas.
 



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